Domingo 29 Ene, 2023

Con Camionero: “Siempre fuimos una banda urbana”

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Entrevistas
Con Camionero: “Siempre fuimos una banda urbana”
Texto: Carlos Noro

Joan Manuel Pardo (voz y guitarra) y Santiago Luis (batería y voz) llevan adelante Camionero un proyecto que le debe tanto al blues local como el rock de garagero, sin perder jamás el objetivo de hacer una música que además suene contemporánea. Continúan presentando “Club Camionero”, un disco rockero, blusero y ganchero que apuesta a ser a banda sonora de la ciudad que transitamos.

Desde el punto sonoro creo que ustedes hablan un mismo idioma junto a bandas como Ambassador, Las Sombras o Kney quienes también tienen una fuerte base de blues y una impronta rockera. ¿Se sienten parte de una manera contemporánea de entender el blues? ¿A quiénes más agregarían en esta lista?

Hay un encuentro total en la estética sonora de las bandas que mencionan. En parte, tiene una causa generacional. Somos todos más o menos de la misma edad, y los proyectos son bastante contemporáneos en su gestación, aunque el nuestro sea unos añitos más joven. También compartimos durante muchos años el mismo circuito de rock y blues psicodélico. Bandas del estilo habían un montón (creo que aún las hay, pero lamentablemente no se sostuvo el circuito que había hace unos años), y el punto en común era un acercamiento al blues atravesado por el filtro de los 60's y 70's; el rock y la psicodelia. Digamos que estábamos todos más cerca de Javier Martínez y Sid Barret que de Adrián Otero y Ricardo Tapia. No sé si es una forma contemporánea de acercarse al blues, pero sí quizás de romper con una percepción de lo que entendíamos era "el rock nacional". Grupos hay mil y sería injusto hacer una selección, pero de los que estábamos hace unos años y aún seguimos más o menos en el mismo circuito nombraría a Ayermaniana, Sol Bassa, Las Sombras, Ambassador, Los Espíritus. En La Pampa, Indio Brujo; en Córdoba, Los Estados; también hay bandas nuevas para nosotros, Alejandro Cares y los Magos Farciar; Winona Riders.

Precisamente hay una larga tradición de blues pesado en argentina que arranca con Manal y Pappos Blues. ¿Cómo se llevan con esa historia?

La tradición de Manal y Pappo's Blues es la tradición elegida. Ahí entran también Vox Dei, Rockal y la Cría, Pescado Rabioso, La Pesada y muchos más. No es que no valoremos lo que ocurrió después, sino que en esas búsquedas nos espejamos mejor. Es como un punto de partida. No significa que lo que hacemos tiene que ser igual o parecido. Sino que es solo un punto de referencia.

Ustedes eligen el formato de dúo algo que me remite a los Black Keys quienes mixturan el blues con influencias y sonidos contemporáneos. ¿Es una referencia para ustedes?

Ambos (Santi y Joan) tuvimos nuestra época blackeysera, pero no por el fetichismo del dúo. Coincidíamos en que lo más importante de la banda eran las canciones, aunque nos volvía locos esa capacidad de agarrar trucos de blues viejitos y llevarlos a un sonido bien moderno que lograron después de Brothers. Insisto lo importante son las canciones. El primer disco The Big Come Up, es hiper crudo y es una joya tremenda.

Pensar la banda como dúo me imagino que para ustedes es un espacio confortable. ¿Por qué decidieron mantener esa formación?

Arrancamos siendo dos, porque el proyecto era medio experimental y nos divertíamos un poco en la sala. Se barajó por momentos la incorporación de un bajista, pero Santi estaba convencido de que tratar de sostener el dúo era una movida bastante creativa y que nos iba a forzar, por el propio peso de las cosas, a hacer cosas nuevas y diferentes. Al menos para nosotros. Y así fue. Tuvimos que aprender a componer de otra manera, a tocar diferente, a prestar más atención al fino del sonido. Siempre, en algún momento, uno se pone a pensar que los recursos se van a agotar. Pero por ahora nos pasa al revés. Las opciones cada vez son más.

Club Camionero muestra en la tapa dos personas cagándose a trompadas en el medio de la ciudad. ¿Qué significa?

La tapa del disco la hicimos en pandemia semi-estricta y fue bastante divertido. Todavía había que salir con los papeles para circular, asique no había nadie en la calle. Nos habíamos ido hasta el viejo teatro Bristol de Martínez, que era un lugar donde solían tocar bandas de rock. Ese teatro se prendió fuego hace ya varios años, y nunca se pudo recuperar. Parece que la dueña no quiere vender el terreno, porque es fija que van a armar un proyecto inmobiliario, entonces quedó ese esqueleto vacío, como una reliquia o una pieza de museo. Es medio simbólico, pero es lo que permanece ahí, ante la cultura del descarte y lo inmediato. Una señora que prefiere ver escombros quemados de un teatro, antes que una torre de categoría. Mientras tanto, todos nos cagamos a palos por un lugar en el planeta.

Me da la sensación desde lo lírico la banda se sitúa en un paisaje urbano. ¿Qué es la ciudad para ustedes? ¿Cómo la describen?

Es cierto, este disco tiene una presencia más fuerte de lo urbano, quizás se nota más por los videos y por algunas canciones con referencias menos abstractas y más puntuales. Siempre fuimos una banda urbana. Tratamos de contar las cosas de la manera en que las vemos, e incluso cuando el paisaje es más rural o ajeno, siempre está la óptica del que sale de la ciudad en busca de otra cosa; pero esa es nuestra realidad, somos pibes de ciudad.

Precisamente "El español" "Preñado por el Diablo" y "Genio del Abasto" están acompañados por videos en distintos lugares de la ciudad. ¿Por qué eligieron esas canciones y que suman los videos?

El disco Club Camionero tiene un hilo conductor, que es la idea de que cada una de las canciones tenga una especie de personaje, los socios del club. Los videos son bastante narrativos, teníamos esa idea. Contar una historia, aunque sea chiquita.

 

A nivel edición discográfica arrancaron editando eps hasta llegar al disco. ¿Por qué decidieron ir primero para ese lado?

La elección de ir primero por los EP y luego por el LP tiene que ver con las posibilidades reales que va teniendo la banda. A veces uno se somete al devenir de los hechos y si se resiste no termina pasando nada. Es un poco lo que nos ocurrió. Fuimos haciendo las cosas de la manera en que las veíamos viables y por suerte fueron saliendo todas. No queda todavía la espina de editar el vinilo, pero confiamos en que prontamente alguien se cebe y nos ponga la plata sobre la mesa (risas)

Llama la atención que teniendo un sonido por momentos tan clásico no hayan editado en formato físico. ¿Por qué decidieron apostar solo a los digital?

El formato físico es muy caro para hacerlo "bien". Hicimos tiradas de discos y también de casetes, pero todo artesanal. Ahora estamos con un pibe ("el miserable") que nos hace las xilografías y los casetes, que están tremendos. Todo hecho a mano, a precios accesibles para el público. Y vuelan. Eso es lo que queremos. Después, lo demás nos parece más un fetiche. Hermoso, pero fetiche.